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esde el 17 de octubre
de 1815, el Emperador Napoleón es retenido como prisionero
en la isla de Santa Elena, colonia inglesa, situada en pleno
Océano Atlántico, a 1900 Km de África y
a 2900 Km del Brasil. Algunos fieles, no siempre desinteresados,
han aceptado seguirlo y compartir su reclusión. Estaban
ahí, Emmanuel de Las Cases, quien escribirá ahí
mismo el célebre Memorial de Santa Elena, seguido por
su hijo Emmanuel, de 15 años de edad. Dejarán la
isla el 30 de diciembre de 1816. Encontramos enseguida al general
conde de Montholon y al general conde de Bertrand, acompañados
ambos por sus esposas respectivas, así como el antiguo
ayudante de campo del Emperador, el general barón Gourgaud.
Fungiendo como sirvientes, hallamos a Marchand, Saint-Denis llamado
Ali, Noverraz, Pierron, Archambault y algunos otros. |
Longwood
dibujo de Marchand 1820
Museo
Nacional del castillo de Malmaison y de Bois Préau
Acuarela regalada por Marchand a Napoleón.
Se encuentran representados: el Emperador, la Señora Bertrand
y sus niños, el Dr. Antommarchi, los sacerdotes y los
jardineros chinos.
Plano
detallado
de la casa
y de sus dependencias.
Reglamento del servicio en Santa Elena. |

Conde Emmanuel de Las
Cases
1766 - 1842
Autor
del Memorial de Santa Elena.
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El 14 de abril de 1816,
gran alboroto en la isla: la fragata el Faetón está
a la vista en las costas. Abordo, el nuevo gobernador de la isla,
sir Hudson Lowe y su estado mayor.
Desde entonces, las condiciones de detención del Emperador
van a degradarse y un conflicto permanente opondrá a los
dos hombres hasta el cruel desenlace. Sir Hudson Lowe, militar
celoso y rígido aplicará al a pie de la letra las
consignas de vigilancia que le habían sido asignadas por
su ministerio, llevando a menudo su interpretación bastante
más lejos de la idea de su iniciador.
¿Pero qué efecto hubiese producido en Europa el
anuncio de la evasión del Emperador de Santa Elena? La
acción de Sir Hudson Lowe estuvo sin duda guiada por este
pensamiento obsesionante; pero también por el miedo al
deshonor que invariablemente habría recaído sobre
él, si el acto hubiese sido consumado. ¿No se había
ya escapado el Emperador en 1815, de la isla de Elba?
Los excesos en su afán le valdrán la enemistad
del cautivo y de su séquito, pero también la de
los comisarios europeos apostados en la isla y representantes
de sus gobiernos respectivos.
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Las medidas de seguridad
NOTA DE
ORIGEN, INGLESA, REDACTADA EN SANTA ELENA,
SOBRE LA SITUACIÓN DE NAPOLEÓN,
COPIADA POR GOURGAUD, PARTIDA CON PIONTKOWSKI
Bonaparte en Santa Elena,
De las relaciones que fueron recibidas en Santa Elena el 14 de
diciembre, resulta que los arreglos para la restricción
del último usurpador del trono de Francia en los estrechos
límites de su presente confinamiento son llevados plenamente
a efecto.
Entre tres o cuatro millas del espacio de un pequeño pueblo
que es realzado con el título de James Town, después
de haber subido un estrecho y tortuoso camino rodeado de barrancos
y precipicios, se llega a una pequeña planicie de una
milla y cuarto de longitud aproximadamente, terminada por un
espantoso peñón suspendido en una considerable
elevación sobre el nivel del mar.
Más o menos en medio de esta planicie está situado
Longwood, que sirve al antes todo-poderoso Corso ya sea de palacio,
ya sea de prisión de estado, según su imaginación
embellezca la escena. La casa, que es pequeña, está
rodeada en cada extremidad por centinelas relevados regularmente.
A una media milla de la casa, se encuentra otra pequeña
en donde un oficial de guardia se haya estacionado, sin sufrir
que ningún individuo pase sin una orden por escrito, firmada
de propia mano del almirante él mismo. El otro frente
de la casa está a unos tres cuartos de milla del peñón
antes descrito. En uno de sus lados, hay un barranco impracticable;
en el otro, una montaña inaccesible. El espacio comprendido
entre estos límites es todo lo que le es asignado a los
movimientos del prisionero de Estado. Hay, por cierto, en el
lugar, un campo para 250 a 300 hombres, y sobre cada eminencia
y cada punto que pueda servir para mantener sus movimientos a
la vista, están dispuestos centinelas, los cuales, podemos
decirlo, forman una línea de circunvalación que
encierra al monstruo en su tela de araña...
El antes mencionado camino de James Town es el único hacia
este valle, ciertamente no muy feliz, pero sobre toda la ruta
se hallan piquetes y centinelas de distancia en distancia. Tanta
seguridad hay en la mar igualmente. Las disposiciones relativas
a la vía marítima son tomadas con tanto cuidado
que hacen imposible el escape del prisionero. Ningún navío
puede acercarse a la isla sin ser visto por un barco inglés
o por los numerosos puestos de señalización que
corresponden entre ellos a lo largo de toda la extensión
de la isla. Desde el momento en que un barco está a la
vista, las señales informan a los navíos cruceros,
de los que hay dos divisiones que se relevan para el servicio
de observación constante del océano. Parten a una
cierta distancia y avanzan en la dirección que el viento
y las circunstancias exijan, hasta que la isla esté completamente
rodeada. Si un navío de las Indias o de otro país
arriba, avanzan de inmediato hacia él, lo examinan cuidadosamente
y lo llevan ante el almirante para un último examen, si
las circunstancias así lo exigen.
Nunca es permitido a un navío echar el ancla, a no ser
que se trate de un barco de guerra del Rey, o un Indiaman, y
éstos últimos están sometidos a restricciones.
Pocos oficiales pueden desembarcar y aún los capitanes
no pueden visitar el interior de la isla. Los pequeños
barcos pesqueros, que van a la pesca, son inspeccionados con
exactitud tanto al momento de su partida como al de su regreso,
no se les permiten más que pocas horas para sus ocupaciones
y se les tiene siempre en la mira de los cañones del puerto
o de los navíos de guerra. Es difícil, para las
personas que pertenecen a la escuadra, obtener el permiso para
permanecer en tierra durante la noche; todos los individuos están
obligados a dejar tierra firme antes del ocaso, momento en que
se levanta el puente, que no es bajado sino hasta el alba, y
mientras tanto los barcos de guardia cruzan alrededor de la isla.
Tales son las medidas para impedir una evasión del disturbador
del reposo del continente. Los oficiales militares y de la marina
se aseguran que estos arreglos ofrezcan tanta seguridad como
la naturaleza de los asuntos humanos puede brindar contra el
escape del más hábil o desesperado de los prisioneros.
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