EL
ASESINATO DE NAPOLEÓN
por Ben
Weider

Presidente
de la
Sociedad Napoleónica Internacional
http://www.napoleonicsociety.com
Conferencia impartida:
En el Festival Militar Internacional de Borodino, Rusia, septiembre
de 1997
y en la Academia Militar de Sandhurst, Inglaterra, febrero de
1998 por D. Ben Weider.
Traducido
del francés
por José María Sancho Sánchez
1/4
La verdad
alcanza tres etapas
|
primera etapa
: |
Es ridiculizada |
|
segunda etapa
: |
Es violentamente
atacada |
|
tercera etapa
: |
Es admitida
por todos |
|
|
|
|
|
Es más fácil
sucumbir a la tentación de citar a los historiadores y
obtener informaciones de segunda mano, que hacer el esfuerzo
de buscar pruebas irrefutables.
La afirmación realizada por un historiador y admitida
sin reservas por los demás, adquiere con rapidez el carácter
de verdad banal.
Los estudios y conclusiones de esta investigación no se
basan en afirmaciones erróneas, sino exclusivamente en
los informes escritos por los compañeros de exilio de
Napoleón. Estas impresiones de los testigos oculares han
sido corroboradas por la ciencia nuclear.
La investigación de los hechos concretos es la religión
de la perfección.
. |
|
|
|
|
|
 ace más de diez
años, escribí un libro que relata los años
de investigación que dediqué, en compañía
de mi amigo y colega sueco Sten Forshufvud, a probar que Napoleón
fue envenenado en Santa Elena. El libro "Asesinato de Napoleón",
traducido al francés bajo el título ¿Quién
mató a Napoleón? (Robert Laffont -1982) ha sido
editado en 28 idiomas y ha sobrepasado el millón de ejemplares
vendidos. No está mal para un libro de historia. Ello
demuestra que existe un gran interés por todo lo que afecta
a la figura de Napoleón.
Se han escrito muchos más libros sobre Napoleón
que sobre ningún otro asunto histórico. La Enciclopedia
Británica afirma que se han escrito 200.000 obras sobre
su época; algunos historiadores franceses estiman que
esta cifra está mas cerca de los 400.000. ¡Es asombroso!
¡Imagínense!, los lectores me preguntan con frecuencia
porqué estoy tan seguro de que Napoleón fue envenenado.
Después de todo, está muerto desde hace 179 años.
La respuesta es relativamente fácil. Ocho testigos oculares
me lo han dicho ( a través de sus libros, por supuesto)
y las informaciones que han facilitado han sido confirmadas por
la ciencia nuclear. Estos ocho testigos oculares, compañeros
de Napoleón en Santa Elena, son:
El Marqués de Las Casas, que trabajó con Napoleón
en lo que se convertirá en el famoso "Memorial de
Santa Elena".
El Barón Gourgaud, un general de la Grande Armée
que deseó compartir el exilio del Emperador.
El doctor O'Meara, un médico inglés de ascendencia
irlandesa, designado por los ingleses para cuidar de la salud
de Napoleón.
El doctor Francesco Antommarchi, un médico corso enviado
por la familia de Napoleón para reemplazar a O'Meara,
cuando éste último fue expulsado de Santa Elena
por el gobernador inglés Hudson Lowe.
El gran mariscal Bertrand, que permaneció junto a Napoleón
más de quince años.
Louis Marchand, el leal servidor del Emperador durante diez años.
Los doctores Henry et Stokoe, dos médicos ingleses que
examinaron a Napoleón en varias ocasiones.
Estos testigos oculares vivían constantemente cerca de
Napoleón. Ellos han anotado día a día, en
sus diarios personales, todas sus impresiones y vivencias. Publicados
después de su vuelta a Europa, después de la muerte
del Emperador.
Mis investigaciones se apoyan en los hechos constatados por estos
testigos oculares y que han sido confirmadas por las técnicas
modernas de la medicina nuclear. Sin embargo, he comprendido
desde el principio, que no sería fácil desmontar
la tesis, cien veces repetida por célebres historiadores,
según la cual Napoleón habría muerto de
un cáncer de estómago. Y ello a pesar de que esta
tesis sea indefendible y totalmente ridícula.
Para contradecir a estos historiadores, he debido profundizar
y desarrollar todas las evidencias encontradas. He sido apoyado
en esta tarea por varios de los mejores especialistas en la historia
de Napoleón, entre ellos: el inglés David Chandler,
el americano Don Horward y el coronel francés Emile Guegen.
Ellos me han aportado un importante e infatigable apoyo.
A lo largo de estos años de investigación, he constatado
varios hechos, en especial el empecinamiento obtuso ante una
verdad incontestable y la ceguera ante hechos probados.
No es necesario ser un genio para comprender lo que está
escrito de una manera explícita. Basta con ser receptivo,
despierto, tener un poco de sentido común y limitarse
a los hechos. Sin embargo, estos hechos, relatados por los ocho
testigos mencionados, han sido ignorados por los historiadores,
y en el mejor de los casos no han entendido su significado.
La clave que nos ha puesto sobre la pista del envenenamiento
ha sido aportada por Louis Marchand, el fiel servidor de Napoleón.
El era atento, discreto, educado (puso en limpio los borradores
de las cartas de Napoleón y de Montholon), perspicaz y
leal son reservas. Todos los historiadores son unánimes
en esta apreciación. Además, era un excelente artista.
Napoleón trataba a Marchand como a un hijo y le legó
400.000 en su testamento. Era deseo de Napoleón otorgarle
el título de conde, deseo hecho realidad cuando Napoleón
III llegó al poder.
A diferencia de otros compañeros de exilio que escribieron
libros y obtuvieron beneficios. Marchand solamente escribió
un diario ya que deseaba que su familia conociese lo que realmente
había ocurrido en Santa Elena. Pidió a sus familiares
que no publicaran sus diarios. Sin embargo, cuando a finales
de los años 1950 sus bienes fueron vendidos, el diario
fue comprado por el comandante del ejército francés
Henri Lachouque, que lo hizo publicar por primera vez en 1955.
Este diario cayó como una bomba, esclareciendo el misterio
sobre la muerte de Napoleón.
Voy a hablar con frecuencia de Longwood House y ustedes deben
saber que era la casa donde vivía Napoleón en Santa
Elena y donde fue envenenado.
La precisión meticulosa de Marchand en sus informes diarios
de los acontecimientos de Longwood House, puede ser comparada
con el fichero de un médico concienzudo que anota todos
los detalles de la decadencia de un enfermo en fase terminal.
Sus informaciones han hecho saltar el cerrojo que impedía
liberar la verdad. Sin él, el crimen seguiría siendo
« perfecto ».
Marchand volvió a Francia con un mechón de cabellos
cortados de la cabeza del Emperador el 6 de mayo de 1821, al
día siguiente de su fallecimiento, y los guardó
cuidadosamente en un envoltorio en la que escribió: los
cabellos del Emperador. Este mechón, en su envoltorio
original, ha sido preciosamente conservado por sus descendientes.
Ni Marchand, ni ninguno de sus compañeros de exilio,
habrían podido imaginar que, tanto tiempo después
de desaparecidos, esta mecha de cabellos aportaría mas
datos sobre los años pasados en Longwood House, que el
conjunto de todos los diarios, manuscritos y correspondencias
escritas sobre el exilio del Emperador en Santa Elena.
Cualquier persona que examine las pruebas presentadas en esta
conferencia y en mi nuevo libro « El Asesinato de Santa
Elena Revisión deberá admitir la tesis
del asesinato. El complot fué organizado para evitar que
Napoleón pudiese volver a Francia y retomar el poder,
como había ocurrido después de su destierro en
Elba. Los hechos aportados por los testigos oculares son irrefutables.
Napoleón fue asesinado en Santa Elena, no hay ninguna
duda al respecto. Fue envenenado de la forma más utilizada
durante el siglo XIX. Hasta la fecha ningún patólogo
o toxicólogo se ha opuesto a mi tesis. Napoléon
a été assassiné à Sainte-Hélène,
il n'y a absolument aucun doute à ce sujet. Il a été
empoisonné de la manière la plus usitée
au cours du 19ème siècle. Jusqu'à ce jour,
aucun pathologiste ou toxicologue ne s'est sérieusement
opposé à ma thèse. Llamo tesis a este estudio
a falta de mejor denominación, ya que en realidad el envenenamiento
es un hecho cierto.
De los 34 síntomas conocidos sobre la intoxicación
mediante arsénico, 30 han sido detectados por los ocho
testigos. Además, la presencia de fuertes dosis de arsénico
en los cabellos de Napoleón ha sido confirmada por los
medios más modernos de la medicina legal y de la ciencia
nuclear.
Desde hace más de cien años, numerosos médicos
e historiadores han atribuido la enfermedad y muerte de Napoleón
a más de treinta causas, desde la gonorrea a la sífilis,
del escorbuto a la hepatitis y al cáncer. La historia
oficial pretende que murió de un cáncer de estómago
siendo que estaba grueso. ¿Cómo es esto posible
ya que el cáncer de estómago adelgaza al enfermo?
Además, Napoleón no tuvo nunca síntomas
de cáncer. ¡Háganse esta pregunta! ¿Cómo
se puede morir de una enfermedad sin manifestar sus síntomas?
Hace mas de treinta años, mi colega Sten Forshufvud hizo
analizar los cabellos cortados de la cabeza de Napoleón
el 6 de mayo de 1821, día siguiente a su muerte. Un cabello
crece alrededor de 2,5 cm cada dos meses. Como los cabellos fueron
cortados a ras de piel y tenían 7,5 cm, habían
crecido durante los seis últimos meses de la vida de Napoleón.
Analizando los cabellos por secciones, hemos podido determinar
con precisión los días en los que fueron administradas
fuertes dosis de arsénico. Los análisis mostraban
los altos y bajos en la densidad de arsénico. El punto
más bajo era de 2,8 partes por millón y el más
alto de 51,2 partes por millón. En cada sección
analizada, la tasa variaba en dientes de sierra. Eso demuestra
que Napoleón, algunos días, absorbía altas
dosis de arsénico.
Guarden en su memoria que la tasa normal de arsénico en
esta época era del orden de 0.08 partes por millón.
He aquí los resultados obtenidos sobre las diferentes
secciones de los cabellos de Napoleón: 51,2 45,2
24,5 18,8 2,8 7,1 20,4
24,1. Estos resultados que arrojan tasas infinitamente superiores
a las normales, confirman que Napoleón absorbía
arsénico por períodos. Esto es un hecho evidente
y cierto. Según el laboratorio Harwell y el FBI, son conformes
con un envenenamiento mediante arsénico.

ANALISIS
POR SECCION DE LOS CABELLOS DE NAPOLEON
El
gráfico muestra la tasa de arsénico (partes/millón)
Este gráfico muestra
los resultados de un análisis mediante el cual un cabello
ha sido estudiado en ocho secciones. Observen el alto nivel de
tasa de arsénico comparada con la tasa normal de esa época
que era de 0,08 ppm. Verán que la punta más elevada
de la curva marca 51,2 ppm, cantidad enorme y que prueba que
Napoleón absorbió una fuerte dosis durante el tiempo
en que se formaba la parte correspondiente de ese cabello.
Les niveaux d'arsenic trouvés dans les cheveux de Napoléon
par le laboratoire Harwell, de Londres, corroborent les faits
décrits par les huit témoins oculaires. Pour vérifier
l'exactitude des résultats obtenus à Harwell, j'ai
adressé deux cheveux de Napoléon au directeur du
laboratoire du FBI en lui demandant d'en faire l'analyse. Vous
pouvez lire en annexe la réponse qui nous dit d'une manière
nette et sans ambages que la quantité d'arsenic dans les
cheveux de Napoléon est "significative de l'empoisonnement
par l'arsenic".
Los niveles de arsénico encontrados en los cabellos de
Napoleón por el laboratorio Harwell de Londres, corroboran
los hechos descritos por los ocho testigos oculares. Para verificar
la exactitud de los resultados obtenidos en Harwell, envié
dos cabellos de Napoleón al director del laboratorio del
FBI, solicitándole la realización de un análisis.
Pueden leer en el anexo la respuesta que nos demuestra de una
forma clara y sin ambages que la cantidad de arsénico
en los cabellos de Napoleón es típica del
envenenamiento mediante arsénico.
Algunos han intentado explicar la presencia excesiva de arsénico
en los cabellos de Napoleón atribuyéndola a diversas
causas, como el papel pintado de las paredes de Longwood, el
agua que bebía Napoleón, los medicamentos que tomaba
o la crema capilar que utilizaba. Independientemente del hecho
de que tales causas no podrían justificar en ningún
caso las enormes densidades encontradas, tampoco podrían
justificar las importantes diferencias registradas de entre unas
secciones y otras. Estas suposiciones no tienen ningún
valor y deben ser descartadas.
En 1974, junto a Sten
Forshufvud, hemos establecido dos listas cronológicas.
En la primera hemos marcado, con su fecha precisa, los síntomas
que afectaban a Napoleón tal como eran descritos por los
testigos oculares. Hemos cubierto así los seis últimos
meses de la vida de Napoleón. Este período de tiempo
corresponde exactamente con el de crecimiento de los cabellos
que hemos hecho analizar. En la segunda lista hemos anotado las
tasas de arsénico suministradas por los análisis,
precisando las fechas de las variaciones.
Las dos listas casaban con la mayor precisión. Los días
en los que Napoleón mostraba los síntomas de la
intoxicación por arsénico, los resultados del análisis
del laboratorio de Harwell indicaban puntas en las tasas de arsénico
contenido en los cabellos.
Los informes de los testigos no pueden ser puestos en duda. El
laboratorio de Harwell, que ha efectuado las investigaciones
para la fabricación de las bombas atómicas inglesas,
es un de los laboratorios más sofisticados del mundo.
Los resultados de sus análisis no pueden ser puestos en
duda.
En consecuencia, hay que admitir que Napoleón ha absorbido
periódicamente dosis de arsénico. Los medios científicos
más modernos han probado que las dolencias señaladas
por los testigos, hace 174 años, eran causadas por una
intoxicación de arsénico.
Aquí no
hay suposiciones, solamente hechos.
En 1821, y también
hoy en día, es difícil que durante una autopsia
el forense esté en condiciones de descubrir un envenenamiento
por arsénico si omite efectuar análisis específicos.
Sten Forshufvud solicitó al profesor Henri Griffon, jefe
del departamento toxicológico de la policía de
París, que le explicase las dificultades que existen para
descubrir la presencia de una intoxicación por arsénico.
Griffon le respondió que no había encontrado nunca
un médico que hubiese diagnosticado correctamente un envenenamiento
por arsénico como causa de la enfermedad de sus pacientes.
El trióxido de arsénico no tiene olor ni sabor....
un veneno de primera clase.

. |