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 esgraciadamente, esta
paz duramente adquirida es rota el 16 de mayo de 1803 por Inglaterra
que decreta el embargo contra las naves francesas y holandesas.
Napoleón replica el 20 de junio por medio de un decreto
que prohíbe la entrada a Francia de toda mercancía
proveniente de Inglaterra o de sus posesiones. Se propone lavar
la afrenta considerando una expedición punitiva al corazón
mismo de Inglaterra. Moviliza la flota y la armada de tierra
a Boloña.
Es desde Inglaterra
de donde los realistas emigrados a Londres, buscando derrocar
a Bonaparte, fomentan un complot apoyándose en Cadoudal
y sus cómplices en 1804. Son detenidos, juzgados y condenados.
Napoleón Bonaparte, queriendo desanimar toda idea de un
nuevo atentado a su persona, hace raptar el 15 de marzo en Ettenheim,
en el gran ducado de Baden, al duque de Enghien, hijo único
del último príncipe de Condé. Llevado a
la fortaleza de Vincennes, es juzgado ahí mismo y condenado
a muerte por una comisión especial presidida por el general
Hulin, quien tratará de justificarse cerca de veinte años
más tarde al publicar sus "Explicaciones ofrecidas
a los hombres imparciales". El príncipe es fusilado
en las fosas, apenas la sentencia pronunciada, sin obtener la
entrevista que solicitaba con Bonaparte. ¡Constant, ayuda
de cámara del Primer Cónsul, nos cuenta en sus
memorias que al anunciarse esta terrible noticia, la esposa del
Primer Cónsul, Josefina, "entró o más
bien se precipitó en la recámara gritando: "
El duque de Enghien está muerto! " ¡Ah! ¿Amigo
mío, qué has hecho?"... Éste palideció
como la muerte, y dijo con una emoción extraordinaria:
"¡Los desdichados se han apresurado demasiado!"
Diecisiete años
más tarde, al redactar su testamento, tres semanas antes
de morir, escribió: "He mandado arrestar y juzgar
al duque de Enghien, porque eso era necesario a seguridad, al
interés y al honor del pueblo francés, cuando el
conde de Artois mantenía, de su declaración propia,
sesenta asesinos en París. En semejante circunstancia,
actuaría del mismo modo. "
Interviene entonces la
cuestión de la supervivencia del régimen en la
hipótesis de que el Primer Cónsul llegara a desaparecer
brutalmente. En la opinión de los partisanos, sólo
la fundación de una dinastía podría asentar
definitivamente los logros de la revolución y del Consulado.
Así, por un senatus-consulta del 18 de mayo de 1804, es
con una sorprendente facilidad que Napoleón Bonaparte
es proclamado emperador de los franceses con el nombre de Napoleón
1ero. Es sagrado por el Papa Pío VII en persona el 2 de
diciembre siguiente en la catedral de Nuestra Dama de París.
La tercera coalición
Con el objetivo de inscribir
su régimen en la duración y evitar todo retorno
a la antigua monarquía, crea una nobleza imperial. En
1805, Austria adhiere a la convención anglo-rusa de San-Petersburgo.
La tercera coalición contra Francia está en marcha.
El 27 de agosto, tras enterarse de que el almirante Villeneuve
se había refugiado con su flota en Cádiz, el Emperador
juzga incierta una invasión de Inglaterra y ante las amenazas
nacientes en el Este, ordena a su armada dejar Boloña
y marchar hacia Alemania.
El 21 de octubre,
la marina francesa es destruida frente a Trafalgar por la flota
inglesa del almirante Nelson quien pierde la vida. En cuanto
a Villeneuve, hecho prisionero, se suicida a su regreso a Rennes
el 22 de abril de 1806, tras haber sido liberado bajo palabra.
A la cabeza de
la Gran Ejército, tras una campaña fulgurante,
Napoleón se lleva una de sus más prestigiosas batallas
en Austerlitz el 2 de diciembre de 1805 contra los Austro-Rusos.
El tratado de Presburgo quita a Austria numerosos territorios,
dando fin al Santo Imperio Germánico, el cual, en Alemania,
cede su lugar en julio de 1806 a la Confederación del
Rin.
El 1ero de enero de 1806, el Código civil es puesto en
aplicación en el reino de Italia. Con el fin de reconfortar
su política en los estados conquistados, distribuye las
coronas a sus hermanos: José es proclamado rey de Nápoles
el 15 de febrero de 1806, Luis recibe el reino de Holanda el
5 de junio siguiente. Él mismo se convierte en protector
de la Confederación del Rin. El régimen feudal
es abolido en el reino de Nápoles. Fuerte tras haber restaurado
la iglesia de Francia luego de los excesos de la revolución,
solicita el apoyo del Papa en su lucha contra Inglaterra, pidiéndole
cerrar sus puertos a los navíos ingleses. El Papa se hace
el sordo. Esta actitud es resentida por Napoleón como
una traición.
La cuarta coalición
Al no aceptar la supremacía
francesa a sus puertas y, empujada por Inglaterra, Prusia decreta
la movilización el 9 de agosto y su armada es hecha trizas
en Jena el 14 de octubre siguiente. El 27, Napoleón realiza
su entrada triunfal en Berlín a la cabeza de la Gran Ejército.
Después de muchos reveses, Prusia firma un armisticio
en Charlottenburg. Fortalecido por los nuevos territorios tomados
a Prusia, Napoleón hace renacer Polonia creando el Gran
Ducado de Varsovia. El 21 de noviembre, desde Berlín,
el Emperador decreta el Blocus continental que prohíbe
a los países bajo influencia francesa, todo comercio con
Inglaterra. Ve en este medio la mejor manera de dar un golpe
terrible a la economía inglesa y espera que esta medida
incite al pueblo inglés a levantarse contra sus dirigentes.
El 26 de noviembre,
Federico-Guillermo de Prusia se rehúsa a ratificar el
armisticio de Charlottenburg. Cuenta con el apoyo de los rusos
para salirse de problemas. Por desgracia para él, Rusia
es vencida por el Emperador en Friedland el 14 de junio de 1807
y debe aceptar las condiciones de paz así como la alianza
francesa por medio del tratado de Tilsit del 7 de julio siguiente.
Napoleón,
consciente de que su Blocus contra los intereses británicos
requiere la ocupación de las costas, se acerca a España
y obtiene el derecho de paso que permite a las tropas francesas
bajo el mando de Junot, dirigirse a Portugal (aliado inglés)
en donde llegan a Lisboa el 30 de noviembre de 1807. En España,
el rey Carlos IV ve a su propio hijo Fernando contestar su corona.
Frente al giro que toma este asunto, solicita el arbitraje de
Napoleón. Tras un encuentro bastante lamentable en Bayona,
Napoleón pone a todo el mundo de acuerdo poniendo al hijo
en Valençay, en residencia vigilada, y obteniendo la abdicación
del padre. ¡Un reino no podría quedarse sin un rey!
Así, el Emperador hace venir a su hermano José
del reino de Nápoles, le quita su corona (que da a Murat)
y le da en cambio la de España.
Tras haber anexado
a Portugal, Napoleón es maltratado en España por
las numerosas revueltas del pueblo excitado por la iglesia que
rechaza la imposición del rey José. Este triste
asunto acabará por un punzante fracaso y disminuirá
las fuerzas de la Armada francesa, que lo resentirá en
las futuras campañas que emprenderá Napoleón.
Apenas las dificultades
en España son conocidas, Austria retoma las armas contra
las tropas francesas estacionadas en Alemania, invadiendo Bavaria
el 8 de abril de 1809, no sin haberse asegurado previamente de
la alianza de los ingleses. La quinta coalición ve la
luz.
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